19.6.13

Relato: Ella

Aqui dejo otro relato, se llama "Ella" y lo presenté hace poco a un concurso (aunque no gané). Espero que os guste.

Ella

Podría comenzar diciendo que fue uno de esos días, como otro cualquiera. Acababa de terminar mi turno, y solo tenía ganas de irme a casa para dejarme caer en la cama. Pase por la cafetería para llevarme algo de comida y, quizás, tontear un poco con la camarera. El local estaba lleno, como de costumbre, recientemente se había convertido en un lugar muy popular entre la juventud. Y como si fuese una isla en medio del océano allí estaba ella: sola, aislada con su  música, leyendo a Marcel Proust, ajena a lo que ocurría a su alrededor.

Durante mucho tiempo he considerado que alguien como yo no estaba hecho para ser feliz en pareja, tres matrimonios fracasados y tantas “novias” que he perdido la cuenta, dan fe de ello. Con un historial así lo normal es pensar que soy un mujeriego empedernido, y lo último que alguien como yo se plantearía es tener una relación formal.

-Viene todos los días. Se sienta en el mismo sitio y pide lo mismo: café con leche y una tostada.- me informó la camarera sacándome de mis pensamientos.- Aunque yo no la miraría tanto, esta fuera de tu alcance, guapo.- añadió como si me estuviera leyendo la mente.- Eres demasiado mayor para ella.
-¿Sabes si tiene novio?- quise saber ignorando el comentario.
-Ni idea. Viene sola y se va sola. El rato que esta aquí lo pasa leyendo esos libros tan “complicados” y oyendo su música. Si tiene o no tiene novio no lo sé.  Ya te digo yo que no es de esas.- me respondió la camarera.-Para eso,  estoy yo si quieres.- dijo mientras me guiñaba un ojo.
-No, gracias- contesté mientras me llevaba mi pedido.
-¡De nada!- fue lo último que oí de la camarera.

Mientras me dirigía a mi casa, ella ocupaba todos mis pensamientos. Me maldecía a mi mismo por no haberme dado cuenta, si de verdad iba todos los días a la misma cafetería que yo, como es que no me había fijado. ¡No era tan difícil!

Los días siguientes, tal y como predijo la camarera, ella estaba allí en su mesa de siempre, con lo que habitualmente tomaba, su música y sus libros.

Desde la barra planeaba una estrategia infalible que me ayudase a conquistarla, o por lo menos a establecer contacto sin parecer desesperado. Alguien como yo, curtido en mil aventuras, debería tenerlo muy fácil. Pensé en acercarme a ella y soltarle una de mis sonrisas arrebatadoras con las que conseguía no pasar la noche solo, incluso tenía preparado mi discurso habitual con el que derretía a las chicas del bar. Algo en mi interior me decía que todo eso fallaría, que ella no era de las que se dejan camelar tan fácilmente con una sonrisa de postal o con las batallitas de un viejo lobo como yo.

Empecé a mirarla como quien mira una obra de arte en busca de alguna imperfección. No podía creer que alguien así existiese de verdad, ¿y si todo era una pose? Y si en realidad solo era un envoltorio bonito y vacío; que su música, la cual desconocía, y sus libros no eran mas que una fachada. O peor, si le parecía un viejo verde que solo quiere un polvo con una jovencita. Me sentía totalmente desconcertado, por primera vez en mi vida no sabía que hacer.

Decidido a hablar con ella, me levanté, lo que tuviera que ser, sería. Entonces descubrí que ya no estaba. Mire a mi alrededor, se había esfumado. Tan ensimismado estaba que no me había dado cuenta de que se había marchado. Me deje caer en una silla. Ofuscado en mis pensamientos, no me di cuenta que alguien se había detenido delante de mí. Levanté la vista y como si fuera un ángel, allí estaba ella. De sus auriculares que llevaba en el cuello, podía oír Stairway to Heaven de Led Zeppelin. Me sonrió con una calidez, como no lo había hecho ninguna mujer antes. Se acercó a mi y me susurró algo al oído.

La vi marcharse. Me sentía el hombre más feliz del mundo.





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